El Frente Amplio y los superficiólogos
>Una opinión personal


Cómo será la tropilla, que se ahoga al cruzar un hilito de agua

No es una falta de ortografía, no hablamos de “súper fisiólogos” que sería otra cosa sino de “superficiólogos”, estudiosos y comentaristas del acontecer político que se quedan en la superficie de los fenómenos y no logran comprender ni les interesa tampoco, las causas y raíces en la estructura social, sus conflictos, y su dinámica.

Hace tres meses, en una nota que titulamos “¿Volverá el Frente Amplio?”, nos referimos al ciclo de esta fuerza en su forma orgánica, una vez “coalición y movimiento”, gradualmente transformado en un partido político unificado con fracciones internas que ya no podrían tener existencia autónoma, y luego un partido de mando centralizado, vertical y fuertemente autoritario. Pero en el último tramo vemos un proceso parcial -por ahora- en la dirección contraria: decadencia e inoperancia del mando central, incapacidad de renovación y ampliación de su elenco dirigente, “indisciplina partidaria” de los sectores, carnicería interna.

Refiriéndose al problema de los “cincuentones” el politólogo Oscar Bottinelli se sorprende de la forma extrema que toma acá el “estallido”. Queremos discutir tres afirmaciones suyas.

a) Hay una diferencia con el primer mandato de Tabaré Vázquez, en que decidía él, o al menos dirigía el arreglo entre sectores; ahora los deja que se arreglen como puedan.

b) Mujica, aunque le pesan los años, parece condenado a seguir porque nadie puede relevarlo de su rol.

c) Astori quiere asegurar la continuidad de la política económica que parece haber dado resultado hasta ahora, pero le cuesta el desgaste político que paga por ello.

Son claros ejemplos del pensamiento superficial que toma causa por consecuencia y viceversa. Llama la atención en el que podría ser el “menos tronco” de los politólogos. Vamos a poner la cosa sobre los pies.

A) No se trata del “liderazgo” de Tabaré, a no ser que nos creamos el cuento carluliano de que la historia la hacen los “grandes hombres”. Se trata del rol que Tabaré pudo cumplir en su momento para el aparato burocrático frentista.

Y hablamos de esto no en términos de calificación sino simplemente en lo que significa. La burocracia frentista es una nueva versión de la burocracia política de gestión estatal y social que acompaña al país como una constante de larga duración, patriciado siglo XIX, burocracia batllista siglo XX, burocracia frentista siglo XXI, hay una enorme bibliografía académica al respecto aunque se la olvide, es un rasgo distintivo de nuestra formación social.

Una burocracia político-estatal y un partido de estado que le da el formato es algo que necesita ciertas condiciones. a) Un programa coherente con las necesidades de la clase dominante y con la coyuntura, incluso con la capacidad de ver más allá de la estrechez de esa clase dominante. b) Una oportunidad de cierta distensión en el conflicto social que permita una gestión “amortiguada”. c) Un sistema de intermediación policlasista que cuente con “punteros” en los distintos actores del conflicto, para poder administrarlo.

Y el programa siempre es en función del modo capitalista de producción, para su continuidad, para qué más. Eso, que es lo general, toma formas particulares en cada configuración. La gestión de la burocracia frentista toma la forma socialdemócrata, bien conocida.

¿Y por qué el rol de jefe es diferente hoy de lo que era al llegar al gobierno? Porque la coyuntura es bien distinta. Para llegar al gobierno, la burocracia debía subordinarse a un mecanismo único de distribución de los recursos que se “deslizan” a través de la función. A medida que la burocracia va a asentándose en el aparato del estado ese acceso se descentraliza, y se descentraliza así también la elaboración política. La función del jefe debería pasar a ser la de un coordinador, pero el estilo ególatra, autoritario y verticalista, si se ha aprendido toda la vida, no se abandona fácilmente a los 77, menos si no se quiere hacerlo. El gabinete “de sopetón” fue su último intento, a partir de allí sobreviene la decadencia irremediable.

B) El problema, obviamente, no es que los jefes sean insustituibles, sino la nula capacidad de renovación de toda la burocracia política uruguaya, del partido que sea. Un problema endémico que se ha prolongado escandalosamente a lo largo de los años, y en todo el espectro. La causa también es clara: la decadencia global del sistema político. Los candidatos a relevos que no prosperaron -Bottinelli menciona algunos casos- dan lástima. Lo más curioso es que, ante esta decadencia generalizada, aparezca el discurso de lo “peligroso” que eso es (????). Es peligroso morir, tengo derecho a vivir eternamente.

Mujica es simplemente un síntoma notorio de la enfermedad. Su lugar es en realidad un espejo, una imagen invertida de los otros en plena decadencia. Es lo que marca el vacío, de la misma forma que su discurso “anti-consumista” no es más que placebo virtual que cubre el sub-consumo real que aflora.

La única ventaja relativa que tiene el Frente Amplio es la desventaja compensatoria que tiene la “oposición” que no se opone, y que no logra recuperase de la larga decadencia sistémica.

La oposición tradicional burguesa comparte la política del gobierno, ha sido desconectada de su mecanismo clientelista que le es básico, y no ha logrado presentar una opción de ventaja ante la clase dominante, y sin eso, por su naturaleza de clase, nunca podría agregar nada para presentar una oferta subalterna hacia las clases subalternas.

El agotamiento de la coyuntura de excepción que abrió la puerta a un modelo socialdemócrata desteñido, al irse agotando el mecanismo de control desde adentro de esos sectores subalternos, lo que hace es empardar al FA en su oferta con la “oposición”, pero nada más. Y esa es la explicación del “empate técnico”.

C) Y por último: nuevamente es ver las cosas al revés suponer que el desgaste de Astori dificulta la continuidad de la política económica. El agotamiento de ésta es producto del agotamiento de base de la coyuntura que permitió determinados mecanismos de reproducción ampliada, y otras cosas que han venido con eso como ser las posibilidades de cierta flexibilidad de distribución. Eso no se termina porque se termine Astori, se termina Astori porque eso se termina.

Todo esto es demasiado obvio como para abundar en ello. Es vieja tradición del pensamiento social uruguayo, casi un ligar común. En cualquier facultad de ciencias sociales enseñan estos conceptos (aunque últimamente sólo en forma marginal), ppero ningún politólogo que quiera conseguir un empleo en este contexto, los aplica.


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